Oliver Twist, el musical: emoción, talento y un Hurón que brilla

Si buscas un musical en Madrid que emocione de verdad, Oliver Twist, en el Teatro La Latina, vuelve a demostrar por qué su historia sigue viva generación tras generación. Esta adaptación teatral consigue algo muy difícil: mantener la esencia del clásico mientras conecta con el público actual a través de un montaje dinámico, un reparto comprometido y una puesta en escena que combina dureza, ternura y esperanza.

La historia del pequeño Oliver sigue tocando el corazón del espectador porque habla de injusticia, supervivencia y de la necesidad de encontrar un lugar en el mundo. Y sobre el escenario, esa emoción se construye gracias a un elenco que entiende muy bien el tono de la obra.

En el centro de todo está Dani Escrig, que da vida a Oliver Twist con una interpretación sincera y llena de matices. Su Oliver transmite fragilidad, pero también una fuerza interior que conecta con el público desde el primer momento. No es fácil sostener el peso emocional de una historia tan conocida, y lo hace con naturalidad.

Pero si hay un personaje que irrumpe con energía propia es Hurón. Pablo Grife convierte este papel en pura dinamita escénica. Su presencia aporta ritmo, humor y una frescura que ilumina muchas de las escenas más corales del espectáculo. Cada aparición suya tiene algo magnético que atrapa al público.

Frente a ellos aparece el complejo mundo del inframundo londinense, donde Rubén Yuste construye un Fagin lleno de matices. Su interpretación mezcla ironía, inteligencia y ambigüedad moral, convirtiéndose en uno de los motores dramáticos del montaje.

En ese mismo universo destaca Lourdes Zamalloa, que interpreta a Nancy con una sensibilidad que atraviesa la sala. Sus momentos más emocionales consiguen que el ritmo del espectáculo se detenga por un instante para dejar paso a la emoción más pura.

La oscuridad llega con Natán Segado, que compone un Bill Sikes inquietante y poderoso. Su presencia impone tensión en escena y refuerza el lado más duro de la historia.

El reparto adulto se completa con interpretaciones que construyen con fuerza el universo de la obra. Andrés Navarro, como Sr. Bumble, aporta humor y ligereza sin romper la coherencia del espectáculo; su personaje cómico, gestual y medido funciona como alivio entre la oscuridad del drama principal. Tomy Álvarez, en el doble papel de Juez y Dr. Grimm, demuestra versatilidad, aportando precisión y seguridad que refuerzan las escenas judiciales y equilibran la tensión frente a los villanos.Marta Malone, como Sra. Rose, aporta elegancia y serenidad, ofreciendo un contrapunto luminoso dentro del universo más oscuro de la obra.

Manu Rodríguez en el papel de Sr. Brownlow, transmite autoridad y seguridad, guiando emocionalmente a Oliver en los momentos clave. Laura González, como Sra. Corney, da vida a un personaje lleno de matices cómicos, aportando ritmo y carácter a cada intervención. Agustina Berenstein interpreta a Bet, sumando presencia y fuerza en las escenas del entorno de Fagin, mientras Nacho Casares, como Sr. Collins, aporta solidez y textura al universo adulto que rodea a Oliver. Abril Aguirre, en el papel de Margaret, añade sensibilidad y presencia escénica, enriqueciendo con pequeños momentos cada escena en la que participa. Finalmente, Fran del Pino, como Thackeray, suma intensidad y carácter, definiendo con claridad su perfil dentro del reparto adulto y completando así un elenco sólido y memorable.

Pero si algo sostiene de verdad el pulso del musical es su elenco infantil. Los llamados “niños olvidados” aportan frescura, energía y una disciplina escénica admirable.

Fotografia: FM Management

Gabriel Flores, Nayden Rodríguez, Álvaro de Paz, Lennon Sharl, Alberto Zorrilla, Gael Martín y Sergio Aguado demuestran una gran complicidad en escena. Gabriel destaca por su carisma, Nayden aporta energía constante, Álvaro maneja con soltura los momentos expresivos, Lennon transmite emoción con naturalidad, Alberto suma musicalidad al conjunto, Gael aporta cohesión al grupo y Sergio brilla especialmente en los momentos físicos y de movimiento.

Gracias a ellos, los números corales tienen ritmo, vitalidad y una autenticidad que hace que el público conecte con la historia.

El resultado es un musical que funciona porque todo el elenco empuja en la misma dirección. La historia fluye, los personajes se sienten vivos y el público sale del teatro con la sensación de haber viajado a otro tiempo.

Y eso es precisamente lo que ocurre cuando el teatro funciona de verdad: uno sale hablando de los personajes, recordando escenas y pensando que, más de siglo y medio después, Charles Dickens sigue teniendo mucho que decirnos.

El musical se puede disfrutar en el Teatro La Latina solo hasta el 15 de marzo, por lo que quedan muy pocos días para descubrir esta historia en el escenario.

Si te gusta el teatro musical en Madrid o buscas un plan cultural diferente, esta es una oportunidad perfecta antes de que baje el telón.

Deja una respuesta