La carta perdida desde los 80. Última función

Tras dos años, ayer fué la última función de la Carta Perdida desde los 80 y no podía perdérmela.

Desde que entras por la puerta del Teatro Lara, son todo atenciones, siempre encontrarás a Aya Yébenes y a Lucía Soler que te acompañarán a tu butaca con una gran sonrisa y encima, en esta función matinal te ofrecen un vermuth Zechini antes de entrar.

El elenco de esta obra esta compuesto por Ester Fernández (directora, cantante, actriz), es la que hará que te levantes de tu butaca y cantes sin parar, palmees y sobre todo disfrutes; Julián Valcárcel, es ese padre que nos hará emocionarnos con una carta que escribió a su hijo; he de decir que no todo es triste, también nos sacará sonrisas y risas cómplices…a veces  la carta nos la leerá la madre Ana Carril, pero en esta ocasión fue la artista invitada y cantó algún temita. Todo esto amenizado por la coreógrafa, Lucia Soler, que también se echa un bailecito. Y por si fuera poco, música en directo de la mano de Flavio Barrientos y Juan Miguel Valero, que también es el arreglista, que harán las delicias de todos

Aunque era la tercera vez que la veía, no pude parar de emocionarme como la primera vez; nos hace echar la vista atrás y darnos cuenta de una realidad muy cercana a nosotros, «La Movida Madrileña», que como ellos mismo dicen fueron años muy malos, por las pérdidas, pero también muy buenos, por todo lo que cambió.

Nos hacen un recorrido a través del pasado y de una carta de las mejores canciones del pop-rock español, contándonos una historia de un chico que debido a un «mal pico» no pudo cumplir su sueño,como tantos en aquellos años; Nos cuentan lo que pasó y todo el público se mete dentro de la historia, canta, baila y se emociona porque es parte de nuestra historia de Madrid.

He de deciros que esto no es una critica, es un agradecimiento; gracias por dejarme «debutar» como artista invitada, cantando con vosotros; por enseñarme que la grandeza de un artista está fuera del escenario y por dejarme formar parte de esta pequeña gran familia. Gracias Ester por darme la oportunidad de ver las cosas desde dentro y por vivir este sueño  y al resto del equipo, tanto de la obra como del teatro Lara por ayudarme y  arroparme.

Esto no es un adiós porque estoy muy segura que vosotros cambiáis el significado de la palabra improrrogable, porque esto es un hasta luego, muchas gracias por tanto.

 

 

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